martes, 26 de octubre de 2010

***Como Delfines***


***Como Delfines***


Una tempestad de ausencias
que empapa hasta el alma,
con truenos de recuerdos
que estremecen al corazón.

La ingratitud del desvelo
que te hace esclavo del reloj,
contando los minutos que te
separan de todo aquello que
te hace estremecer.

Soñar con los besos de su boca,
con todo aquello que provoca,
mas que ese deseo que se arrastra
para morder al placer…

Te veo llegar en la distancia
y de repente te apoderas
de mi mente y mis pasos
presurosos van a tu encuentro.

Veo tus ojos y tu pelo que se
deja llevar por el viento,
Y en un momento nuestras
lenguas se unen para celebrar
nuestro amor…

Como delfines que bailan…
Como delfines que hacen el amor
en el océano de nuestras pasiones.

Abro los ojos y me pierdo en ti
todo a mi alrededor desaparece,
tu suave aroma me enloquece,
te vuelvo a besar sintiendo que
la ropa nos estorba…

Siento tu lengua buscando la mía,
siento tu aliento que en un momento
crea una atmosfera de intimidad,
donde todos desaparecen.

Si que sufro tus ausencias…
Si qué extraño tu calor…
Pero todo eso tu lo compensas
cuando me besas con pasión.

Oxwell L'bu
Foto: Internet

***Con Alas de Papel y Colores***

***Con Alas de Papel y Colores***


Son el claro reflejo de ese
anhelo incesante de los
hombres por querer volar.

Papelitos de colores pegados
con la ilusión de un niño,
que une los elementos de
la naturaleza para echar
los sueños a volar…

Y en los campos con aroma
a eterna primavera,
los patojos corren por la
verde vereda,
para despegar los zapatos
del suelo…

Y poco a poco ir ganando altura,
el viento de noviembre se confabula,
para que los barriletes cubran al cielo
de colores.

Los patojos saltan llenos
de alegría y emoción,
al ver que sus sueños le
rascan la nariz al sol.

El abuelo ve desde la casa
que los patojos han aprendido
la lección: ¡Y es que hay mas
de una manera para treparse
al cielo…

Se tapiza el horizonte con
los sueños de los patojos,
y al verlo más de un hombre
sueña con volver a ser niño…


Oxwell L'bu
Foto: Internet

domingo, 24 de octubre de 2010

"Las Flores que Nädie Quiso

“Las Flores que Nadie Quiso”


El manto de la noche se tendió sobre las montañas y las plazas poco a poco se quedaban vacías, esperando el sereno… Sin nada que hacer, más que escuchar las historias triadas de la abuela el niño se fue a dormir. Reclino la cabeza en la almohada, más no conciliaba el sueño ,era como si una voz lo llamara, una voz que no lograba distinguir, todas las noches era igual, tratando de dibujar en su mente un rostro que apenas lograba recordar, tratando de reconocer una voz que desconocía. Se asomaba a la ventana y desde allí soñaba con emprender un camino que no sabía a dónde le conducía, mientras la luna de Xelaju lo contemplaba con la cara tiznada.

Lo tenía todo, pero todo era nada, sin la presencia de quien le dio el ser, no soportaba ser el pepe de la escuela, ser huérfano de madre, sabiendo que por razones que desconocía, su madre vivía en un lugar que solo había oído mentar. Por lo que un día como un ángel el niño emprendió el vuelo en búsqueda de su madre.

Con tan solo unas pocas monedas y el alma llena de esperanzas, antes de abordar el bus, Ángel conto una a una las monedas y pago por una gallina que compro en el mercado, que sería su única compañía, en la travesía rumbo a la ciudad capital, con cara de asustado y de equipaje sus escasos recuerdos, unas pocas indicaciones de cómo llegar, abordo el autobús de sus temores y esperanzas, dejando atrás la comodidad y seguridad. En un viaje que duro unas horas, donde todo le asombraba, se llenaban sus ojos de paisajes, así como de incertidumbre al no saber con certeza si iba en el camino correcto.

Al llegar a la capital, bajo del autobús con su carita de asustado, abrazando la gallina y apretando con su mano aquel papel. No era más que un niño perdido en la “Tacita de Plata” (como se le llamaba a la capital guatemalteca), con un mapa que apenas le alcanzaba para espantarse el susto. Pregunto una y otra vez, pidiendo indicaciones y su carita denotaba que no andaba de vacaciones, sin un número de teléfono al cual llamar, preguntando una y otra vez, le sorprendió la noche y un aguacero que le empapo hasta el alma. Se quedo dormido bajo un puente, abrazado a la gallina. Al día siguiente el hambre lo despertó y lleno de temor, mas con esa determinación que nace del corazón que ama, con las pocas pistas siguió buscando el camino. Llegado el medio día, la barriga le reclamaba, los pies le ardían y hasta el temor había cedido ante el cansancio… La desesperación poco a poco se alojaba en su pecho, siguiendo su instinto, ya que aquel mapa no le conducía a nada. Cayendo la tarde, cuando pasaba por un mercado, una mujer lo vio y sin conocerlo, mas reconociendo las facciones de la madre en el rostro del niño, le pregunto: ¿A quién buscas? El contesto: a mi mama y por una de esas benditas “Causalidades de la vida” aquella mujer lo condujo asía ella.

La madre, estaba trabajando y al verlo llegar, lo reconoció inmediatamente, sus ojos se llenaron de alegría y por sus mejías corrían lagrimas de cristal, corrió hacia él dejando todo a un lado, el niño corrió también llevando la gallina, que era un regalo para ella. En la casa de aquella mujer, no había muebles, ni comodidades, pero estaba llena de un amor, que la convertía en un rincón cerca del cielo, sus días eran de fatiga y trabajo, más aun que siempre andaba ocupada, lo abrazaba a cada momento de forma efusiva como quien celebra una fiesta. Pese a las limitaciones y pobrezas aquellos eran los días más felices de su vida, corriendo tras la gallina, retozando con los patojos (niños) del barrio y con los mimos de su madre la pobreza no parecía importarle. Mas esta suele ser dura y muchas veces duele.

No paso mucho tiempo, para que la abuela llegara a la capital a buscarlo, determinada a llevarlo de regreso, ya que era su único nieto, el destinado a seguir con el nombre y la tradición de la familia. Lo encontró junto a la madre, ayudándola en su trabajo, quiso arrebatárselo de un tajo, pero esta vez, ella ya no era la niña que asustada se quedaba cayada, lucharía por él, aquel día se fue la abuela, pero volvería. Y así lo hizo más de una vez, sin conseguir su objetivo. Hasta que finalmente decidió a apelar a lo que ninguna madre le puede negar a un hijo, un futuro mejor… Sabía que nada tenía, que junto a ella, su futuro era de incertidumbres, pues a duras penas le lograba ofrecer el pan de cada día, así que por el bien del niño accedió, mas al ir por él, Ángel se resistió a irse con la abuela, ella se enojo y no comprendía como él podía preferir el vivir en aquella pobreza, por lo que se jugó su última carta y el dijo: Si no te vienes conmigo, nada te daré, ni ahora, ni en el futuro, perderás tu herencias. Aquello al niño poco le importo, con tal de estar cerca de su madre.

La madre trabajaba hasta en cansancio, sin días feriados, ni domingos, ni mucho menos con vacaciones, aun así la pobreza era día a día alguien recurrente que se instalaba en sus vidas. El tiempo como siempre ganaba la partida y el niño crecía, poco a poco se hacía consiente de la pobreza que le rodeaba y estaba dispuesto a sacarla de sus vidas. Tendía sus manos chiquitas para trabajar en cualquier menester, que le permitiera ganar algún dinero, que con el orgullo de un hombre le daba a su madre…

Pero no siempre, había la oportunidad para que un niño, se ganara unos centavos y aquel día de las madres, era uno de esos días en que la oportunidad no le llego, aun así, se fue al mercado de la “Placita Quemada” con todo la ilusión del mundo, contando los centavos con la mano metida en el bolcillo del pantalón, mientras caminaba silbando una canción; se dirigió al área donde estaban las vendedoras de flores, que en pleno mes de mayo, hacían como se decía, “su agosto” dado el precio y la demanda que tenían las flores por aquellos días. Se dirigió a una de ellas, las que tenía las rosas más bellas, más al preguntar el precio por la docena de rosas, se sintió chiquitito, sus centavos eran nada. Luego pregunto por los claveles, después por las margaritas, los crisantemos, las orquídeas, pero al parecer el dinero de su pequeño mundo no alcanzaba…Decepcionado y triste, se puso a caminar alrededor del mercado, como buscando que el cielo le tendiera una mano y alguien del mercado necesitara de sus servicios, como mensajero, cargador o limpiador, pero nada. Le dieron las horas de la tarde, hasta que alguien necesito ayuda, para acarrear unas cajas, el presuroso se ofreció y gano el primer dinero de aquel día, mas aun así le fue insuficiente. Con la tristeza de quien renuncia se disponía a regresar con las manos vacías, con el estomago refunfuñando y sus ilusiones de niño tiradas en el suelo cual si fueran pedazos de espejos quebrados, empezó a salir del mercado, viendo a los elegantes señores que llevaban con ellos los grandes arreglos florales. Como que una mano lo condujera, se dirigió al basurero del mercado y sobre poniéndose a los olores nauseabundos, se puso a buscar entre los desperdicios y basura, poco a poco iban apareciendo rosas, claveles, crisantemos y flores que nadie quiso, hasta que sus brazos se llenaron de tantas que sus manos apenas las lograban agarrar, luego se fue a una de las piletas del mercado a lavarlas con cuidado, una a una las fue limpiando, eran como diamantes entre el barro, que una vez limpias brillaban con luz propia…

Presuroso se fue a casa, con el alma llena de ilusión, pues le llevaba a su madre el ramo de flores más hermoso del mundo, ella lo vio llegar con esa alegría que desborda, lo abrazo efusivamente, él le entrego las flores, ella lo beso como quien quiere comérselo a besos, busco el frasco más grande que tenían en casa y las puso en la meza, cenaron juntos, comieron lo de siempre, pero en ambos había una alegría, que trascendería el tiempo.

Oxwell L’bu

Foto : Internet

jueves, 14 de octubre de 2010

***Bastaría una Copa…***

***Bastaría una Copa…***


Coma abejas revolotean
por mi cabeza tus recuerdos,
al no poder entrar se van
a la blandura de mi corazón
y lo aguijonean…

Más aun así el deseo es recurrente
y en medio de mis sentimientos
furtivos no encuentro el camino
de regreso a la razón…

Si con solo verte pasar
mi alma empieza a levitar,
si con solo sentir tu aroma
se embriaga mi alma.

Que bastaría una copa de tu ser
para dejarme embriagado por
toda una eternidad.

Embriagado de amor
embriagado de felicidad,
si tu lo supieras no dudarías
en darme un sorbito de tu vino.

Ese vino que es tu esencia
no lo que ven los demás,
que lo único que despierta
es deseo y pasión pasajeras,
que más pronto que tarde
tienden a desaparecer.

No, no te veo como un objeto
que deseo poseer para saciarme
o para presumir…
Porque aun siendo siego el que
tiene buen paladar sabe distinguir
el buen vino del vinagre.

Y para producir la única botella
de tu vino las bodegas del cielo
se tomaron toda una eternidad.


Oxwell
Foto: Internet

***Fantasía al Desnudo***

***Fantasía al Desnudo***


Aquella noche callaste
mis discursos mentales,
anulaste mis emociones,
luego mis pensamientos
y sentimientos se
consumieron en ti.

Te vi despojarte de los ropajes
con los cuales mis fantasías
te revestían…
Y me mostraste una belleza
que trasciende al deseo y a
la pasión…

Una belleza que no se refleja
en los espejos pues es una luz
que destella en tu corazón.

Contemplé tu silueta
mas aquello no eres tú,
admire tu figura más ame la
substancia de tu ser,
esa que con solo rosarme me
hace estremecer…

No tuve ocasión de analíticamente
dividirte para entenderte
y así sin tácticas de seducción,
sin movimientos acrobáticos
para llamar tu atención.

Sin dispersiones conflictivas
si no con esa paz que pone
en conjunción las emociones
y las razones te aprendía amar.


Oxwell
Foto: Internet

***LaColmena***

***La Colmena***


Se equivoco muchas veces…
cayo y aun con el rostro
en tierra se volvió a levantar.

Tubo mil razones para desertar
de la vida…
Más aun así con mil heridas
siempre le dio la bienvenida.

Los intereses y las artimañas
enredaron sus sentimientos
cual si fueran telarañas,
mas su fe nunca claudico.

La pasión más de una vez
le hizo a su corazón zancadillas,
mas aquello le enseño a doblar las rodillas.

En vez de murmurar guardo silencio,
en vez de renegar dio gracias…
Y aprendió que en las desgracias,
se mide el carácter de un hombre.

Hoy que ve que su juventud a pasado,
que al parecer el tren de la felicidad
lo dejo olvidado no se le ve frustrado.

Pues comprende que de la vida
se ha deleitado en su miel,
pero para llegar a esa miel hay
que soportar los aguijones que
dejan los desengaños…

Ya podría vivir el resto de su vida
contemplando sus cicatrices,
mas él prefiere serrar los ojos
y volver a saborear la miel…


Oxwell
Foto: Internet

“Una Maratón entre el Montón”


“Una Maratón entre el Montón”


En los últimos años de mi infancia viendo a unos hombres correr al borde del colapso, me pregunte: ¿Qué les motiva? ¿Qué mueve a un ser humano extenuado a dar el siguiente paso? Y aquellas preguntas quedaron revoloteando en mi mente por muchos años…

Durante mis años de adolescencia me vi prácticamente forzado a escoger un deporte, dado que parte del currículo del instituto era el desenvolverse en un deporte, pero los deportes más populares estaban abarrotados y mis posibilidades de participar en forma activa y no ser parte de la banca eran casi nulas, dado mi poco porte y condiciones atléticas, por lo que escogí el atletismo mas por cumplir que por el gusto, mas al poco tiempo me empezó a entusiasmar, el ser velocista y entrenaba con ahincó todos los días en la pista del estadio Mateo Flores(Primer campeón latinoamericano de una de las maratones más duras del mundo, la de Boston), hasta que un día uno de mis entrenadores me confronto con la realidad, no tenía el porte de aquellos corredores que una sola de sus zancadas eran más de dos de las mías; al notar mi entrenador mi decepción, me motivo para que buscara otras opciones y así me puse a correr carreras cortas de 5 y 10 kilómetros con la idea de un día correr una maratón.

¡El tiempo gano la carrera, como siempre ¡y si que han trascurridos los años desde aquellos días en que me lo propuse, a mis cuarentaitantos cuando uno sabe que empieza “La cuenta Regresiva” y se empiezan a sacar cosas del equipaje para aprovechar lo mejor de este viaje, me volví a plantear la posibilidad de correr una maratón. Mi entrenamiento empezó en pleno invierno con las calles cubiertas de nieve y un frio que congelaba hasta los huesos, pero no era el único y aquello le ponía lumbre a mis ganas en medio de arboles desnudos que se mecían al compas del viento; luego vino la primavera con sus lluvias intermitentes y los tulipanes cantando de alegría… Poco a poco todo se empezó a revestir de verde y con ropa más ligera seguí corriendo en pleno verano sintiendo en eses mismas calles el calor extenuante que traspasa la suela de los tenis. Aquello era una experiencia más que gratificante, sentir la briza del viento que te besa el rostro, ver como el césped se tiende como si fuera una inmensa alfombra que te invita a tenderte en ella, después de correr con alguna piedrecita en el zapato, para contemplar la belleza del cielo azul y ver como Dios dibuja con un dedo en las nubes caprichosas.

Así entrenando se nos llego el día a mas de 40 mil participantes de diferentes nacionalidades en la 33 edición de la Bank of America Chicago Marathon y el 10-10-10 en la que participaron un grupo de chapines, se nos dio el momento de salida, en una mañana templada que luego recrudeció con temperaturas de verano en pleno otoño…Unos pocos corrían para ganar, después estábamos el resto el montón, para los que la maratón duro en algunos casos el doble o el triple en cuanto a tiempo de lo que estos atletas admirables, llamados elites, suelen correr los 42 kilómetros. Nosotros el “Montón” nos perdimos de ver ese duelo de estos atletas por ganar, pero a cambio tenemos experiencias que ni el tiempo podrá borrar. El ver a las calles vestidas de fiesta, cada barrio con sus características tan particulares, al norte las comunidades de ascendencia europea con sus porristas con bigote, y su música rock, sin faltar la comunidad centroamericana con sus dichos tan particulares “pura vida hermano”, “Arriba Guate”…Luego pasar por el barrio italiano, con sus aromas a pastas y piza, qué decir del barrio latino en el corazón de Chicago, con su música alegre, salsa, merengue, mariachis y esa sorpresa de escuchar a los brasileños tocando samba y bailando para alentar a los corredores. Ya eran casi 30 kilómetros a algunos las piernas ya no les daban para mas, otros con dolencias de rodillas, de espalda en fin, mas aun así cada uno con su propia lucha y dolor alentando al que venía a la par o al que se empezaba a quedar, no viéndolo como un competidor/a, si no como a un compañero/a. Luego pasamos por China Town, las diferentes comunidades asiáticas alentándonos, con sus disfraces de dragones y música…



Casi al final cada kilometro se hacía más largo, poco importaba el tiempo, lo importante era cruzar la meta, sabíamos que éramos del “Montón” de los que no corren por premios, ni preseas si no por pura satisfacción personal. El ultimo kilometro tanto para mí como para otros quizás ha sido el kilometro más largo de nuestras vidas, pero también el más satisfactorio, pues nos permitía llegar, a conquistar nuestras propias limitaciones, para abrazarnos a una meta. Al cruzar la línea final, no puede menos que dar gracias a Dios por darme vida y salud para lograrlo. El dolor de piernas poco a poco va pasando y sé que pronto lo olvidare, más esa experiencia enriquecedora, ya es parte de mi historia personal y la satisfacción es algo que por siempre alegrara mi corazón, hoy viene a mí, esa frase que más de una vez escuche: “Nunca, nunca los de adelante van tan lejos, si los de atrás corren bien” y yo agregaría: es que son los que más se divierten y comparten.



Oxwell L’bu

Foto: Internet