Mostrando entradas con la etiqueta Chicago Marathon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chicago Marathon. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de octubre de 2017

"Una maratón entre el montón" (Chicago marathon )

“Una Maratón entre el Montón”
En los últimos años de mi infancia viendo a unos hombres correr  al borde del colapso, me pregunte: ¿Qué les motiva? ¿Qué mueve a un ser humano extenuado a dar el siguiente paso? Y aquellas preguntas quedaron revoloteando en mi mente por muchos años…
Durante mis años de adolescencia me vi prácticamente forzado a escoger un deporte, dado que parte del currículo del instituto era el desenvolverse en un deporte, pero los deportes más populares estaban abarrotados y mis posibilidades de participar en forma activa  y no ser parte de la banca eran casi nulas, dado mi poco porte y condiciones atléticas, por lo que escogí el atletismo mas por cumplir que por el gusto, mas al poco tiempo me empezó a entusiasmar, el ser velocista y entrenaba con ahincó todos los días en la pista del estadio Mateo Flores(Primer campeón latinoamericano de una de las maratones más duras del mundo, la deBoston), hasta que un día uno de mis entrenadores me confronto con la realidad, no tenía  el  porte de aquellos corredores que  una sola de sus zancadas eran más de dos de las mías; al notar mi entrenador mi decepción, me motivo para que buscara otras opciones y así me puse a correr carreras cortas de 5 y 10 kilómetros con la idea de un día correr una maratón.
¡El tiempo gano la carrera, como siempre ¡y si que han trascurridos los años desde aquellos días en que me lo propuse, a mis cuarentaitantos  cuando uno sabe que empieza “La cuenta Regresiva” y se empiezan a sacar cosas del equipaje para aprovechar lo mejor de este viaje, me volví a plantear la posibilidad de correr una maratón.  Mi entrenamiento empezó en pleno invierno con las calles cubiertas de nieve y un frio que congelaba hasta los huesos, pero no era el único y aquello le ponía lumbre a mis ganas en medio de arboles desnudos que se mecían al compas del viento; luego vino la primavera con sus lluvias intermitentes y los tulipanes cantando de alegría… Poco a poco todo se empezó a revestir de verde y con ropa más ligera seguí corriendo  en pleno verano sintiendo en eses mismas calles el calor extenuante que traspasa la suela de los tenis.  Aquello  era una experiencia más que gratificante, sentir la briza del viento que te besa el rostro, ver como el césped se tiende como si fuera una inmensa alfombra que te invita a tenderte en ella, después de correr con alguna piedrecita en el zapato, para contemplar la belleza del cielo azul y ver como Dios dibuja con un dedo en las nubes caprichosas.
Así entrenando se nos llego el día a mas de 40 mil participantes  de diferentes nacionalidades en la 33 edición de la Bank of America Chicago Marathon y el 10-10-10  en la que participaron un grupo de chapines, se nos dio el momento de salida, en una mañana templada que luego recrudeció con temperaturas de verano en pleno otoño…Unos pocos corrían para ganar, después estábamos el resto el montón, para los que la maratón duro en algunos casos el doble o el triple en cuanto a tiempo de lo que estos atletas admirables, llamados elites, suelen correr los 42 kilómetros. Nosotros el “Montón” nos perdimos de ver ese duelo de estos atletas por ganar, pero a cambio tenemos experiencias que ni el tiempo podrá borrar.  El ver a las calles vestidas de fiesta, cada barrio con sus características tan particulares, al norte las comunidades de ascendencia europea con sus porristas con bigote, y su música rock, sin faltar la comunidad centroamericana con sus dichos tan particulares “pura vida hermano”, “Arriba Guate”…Luego pasar por el barrio italiano, con sus aromas a pastas y piza, qué decir del barrio latino en el corazón de Chicago, con su música alegre, salsa, merengue, mariachis y esa sorpresa de escuchar a los brasileños tocando samba y bailando para alentar a los corredores.  Ya eran casi 30 kilómetros a algunos las piernas ya no les daban para mas, otros con dolencias de rodillas, de espalda en fin, mas aun así cada uno con su propia lucha y dolor alentando al que venía a la par o al que se empezaba a quedar, no viéndolo como un competidor/a, si no como a un compañero/a.  Luego pasamos por China Town, las diferentes comunidades asiáticas alentándonos, con sus disfraces de dragones y música…

Casi al final cada kilometro se hacía más largo, poco importaba el tiempo, lo importante era cruzar  la meta, sabíamos que éramos del “Montón” de los que no corren por premios, ni preseas si no por pura satisfacción personal.  El ultimo kilometro tanto para mí como para otros quizás ha sido el kilometro más largo de nuestras vidas, pero también el más satisfactorio, pues nos permitía llegar, a conquistar nuestras propias limitaciones, para abrazarnos a una meta.  Al cruzar la línea final, no puede menos que dar gracias a Dios por darme vida y salud para lograrlo.  El dolor de piernas poco a poco va pasando y sé que pronto lo olvidare, más esa experiencia enriquecedora, ya es parte de mi historia personal y la satisfacción  es algo que por siempre alegrara mi corazón, hoy viene a mí, esa frase que más de una vez escuche: “Nunca, nunca los de adelante van tan lejos, si los de atrás corren bien” y yo agregaría: es que son los que más se divierten y comparten.

Oxwell L’bu Copyright © 2010

domingo, 12 de febrero de 2012

"Aquel Primer Invierno En La Ciudad De Los Vientos"

“Aquel Primer Invierno En La Ciudad de Los Vientos”

Desde la ventana de aquel viejo convento, donde fue mi primer aposento, veía cada mañana aquel espléndido jardín que iba alternando de colores conforme iban brotando las flores; hasta que un día, de toda aquella belleza, ni el rastro quedo, el otoño se la había comido…

Aquel otoño apache con sus rojos encendidos, su color naranja mesclado con c...afé, las hojas revoloteando con el viento, las ardillas retozando y de toda aquella gama de pájaros multicolores, solo quedaban las palomas, algunas gaviotas y los eternos pájaros franciscanos… Pero si aquel conato de primavera y el ardiente verano fueron efímeros, el otoño fue fugaz, cual si fuera un disfraz que el paisaje se puso por tan solo un momento.

Aquel amanecer era más frio que de costumbre, el viento como si fuera hiedra queriendo abrasarse a un árbol desnudo, hacia hasta lo imposible para colarse por la ventana, el sol como un niño regañado apenas asomaba el rostro a través de aquel nubarrón que tapizaba el cielo. Me levante antes de que sonara el despertador y me asome a la ventana, me asombre al contemplar que de aquellos pertrechos de lo que fue el jardín, no quedaba ni la sombra y ahora parecían como si alguien hubiera dejado caer sobre ellos gamisan o talcos o más bien serian las plumas de las alas de un ángel, que caían del cielo.

Aquello apena seria el preámbulo de aquella primera experiencia de un invierno en Chicago, que va recrudeciendo con un viento congelante que hiela hasta los huesos… Lejos están aquellas parodias de las películas de Hollywood, que solo muestra el encanto del invierno, en el que basta un sweater liviano para tolerar el frio donde se evoca a la navidad y se ve a niños haciendo muñecos de nieve, ya que todo eso es solo una verdad parcial de un invierno que a veces puede ser cruel, en el que puede acumularse más de dos pies de nieve en una sola nevada y sus grandes autopistas se convierten en toda una pesadilla.

He de confesar que prefiero las eternas primaveras de mi tierra, con sus jardines perpetuos, sus calles vestidas de fiesta y su clima de sabana, que en la llegada década invierno extraño y añoro… Luego de algunos años, aun no me he acostumbrado, quizás solo me he aclimatado, ya que como pingüino suelo correr frente al lago Michigan (que se me antoja a mar, por su grandeza y oleaje) a temperaturas bajo cero. Hoy espero como condenado esos conatos de primavera, que me evocan a mi tierra y ver como los valientes tulipanes se abren paso en medio de la nieve… No sé si un día me mudare de Chicago y extrañare sus inviernos, ya que aun que me cueste admitirlo todo tiene sus encantos.
Oxwell L’bu Copyright ©2012

jueves, 19 de enero de 2012

***Donde Anidara La Paz***

***Donde Anidara La Paz***
¿Por qué no llega la paz?
Desde niño se divertía,
jugando a la guerra,
noche y día…
...
Al crecer las películas
que escogía eran las de acción,
donde la violencia suele
brindar distracción.


Los libros de historia,
que aprendió de memoria
en la escuela…
Eran una secuela de guerras.


Guerras que se sucedían
una tras otra y donde,
los actores principales
era los generales.

¿Me pregunto? Como puede
un ser humano que ha sido
formado así tener alguna
vocación por la paz.

Si la paz en los libros,
en los diarios, en las películas
y la televisión nunca ha
tenido protagonismo.

Si muchas veces se proclama,
como héroe a quien a infringido,
dolor y muerte en nombre de una
causa con tintes de ideal.

¿Dónde anidara la paz?
Si las nuevas generaciones,
están siendo formadas igual
o mucho peor…

Ya que el video juego
más exitoso es aquel
donde los protagonistas
se gozan en charcos de sangre.

Si el reciente video mas
visto en You Tube trata
de una golpiza en los
callejones de Chicago.

Como puede la paloma de la paz
instalar su nido allí…
donde la aves de rapiña han
instalado sus trincheras.
Oxwell L’bu Copyright ©2012

jueves, 14 de octubre de 2010

“Una Maratón entre el Montón”


“Una Maratón entre el Montón”


En los últimos años de mi infancia viendo a unos hombres correr al borde del colapso, me pregunte: ¿Qué les motiva? ¿Qué mueve a un ser humano extenuado a dar el siguiente paso? Y aquellas preguntas quedaron revoloteando en mi mente por muchos años…

Durante mis años de adolescencia me vi prácticamente forzado a escoger un deporte, dado que parte del currículo del instituto era el desenvolverse en un deporte, pero los deportes más populares estaban abarrotados y mis posibilidades de participar en forma activa y no ser parte de la banca eran casi nulas, dado mi poco porte y condiciones atléticas, por lo que escogí el atletismo mas por cumplir que por el gusto, mas al poco tiempo me empezó a entusiasmar, el ser velocista y entrenaba con ahincó todos los días en la pista del estadio Mateo Flores(Primer campeón latinoamericano de una de las maratones más duras del mundo, la de Boston), hasta que un día uno de mis entrenadores me confronto con la realidad, no tenía el porte de aquellos corredores que una sola de sus zancadas eran más de dos de las mías; al notar mi entrenador mi decepción, me motivo para que buscara otras opciones y así me puse a correr carreras cortas de 5 y 10 kilómetros con la idea de un día correr una maratón.

¡El tiempo gano la carrera, como siempre ¡y si que han trascurridos los años desde aquellos días en que me lo propuse, a mis cuarentaitantos cuando uno sabe que empieza “La cuenta Regresiva” y se empiezan a sacar cosas del equipaje para aprovechar lo mejor de este viaje, me volví a plantear la posibilidad de correr una maratón. Mi entrenamiento empezó en pleno invierno con las calles cubiertas de nieve y un frio que congelaba hasta los huesos, pero no era el único y aquello le ponía lumbre a mis ganas en medio de arboles desnudos que se mecían al compas del viento; luego vino la primavera con sus lluvias intermitentes y los tulipanes cantando de alegría… Poco a poco todo se empezó a revestir de verde y con ropa más ligera seguí corriendo en pleno verano sintiendo en eses mismas calles el calor extenuante que traspasa la suela de los tenis. Aquello era una experiencia más que gratificante, sentir la briza del viento que te besa el rostro, ver como el césped se tiende como si fuera una inmensa alfombra que te invita a tenderte en ella, después de correr con alguna piedrecita en el zapato, para contemplar la belleza del cielo azul y ver como Dios dibuja con un dedo en las nubes caprichosas.

Así entrenando se nos llego el día a mas de 40 mil participantes de diferentes nacionalidades en la 33 edición de la Bank of America Chicago Marathon y el 10-10-10 en la que participaron un grupo de chapines, se nos dio el momento de salida, en una mañana templada que luego recrudeció con temperaturas de verano en pleno otoño…Unos pocos corrían para ganar, después estábamos el resto el montón, para los que la maratón duro en algunos casos el doble o el triple en cuanto a tiempo de lo que estos atletas admirables, llamados elites, suelen correr los 42 kilómetros. Nosotros el “Montón” nos perdimos de ver ese duelo de estos atletas por ganar, pero a cambio tenemos experiencias que ni el tiempo podrá borrar. El ver a las calles vestidas de fiesta, cada barrio con sus características tan particulares, al norte las comunidades de ascendencia europea con sus porristas con bigote, y su música rock, sin faltar la comunidad centroamericana con sus dichos tan particulares “pura vida hermano”, “Arriba Guate”…Luego pasar por el barrio italiano, con sus aromas a pastas y piza, qué decir del barrio latino en el corazón de Chicago, con su música alegre, salsa, merengue, mariachis y esa sorpresa de escuchar a los brasileños tocando samba y bailando para alentar a los corredores. Ya eran casi 30 kilómetros a algunos las piernas ya no les daban para mas, otros con dolencias de rodillas, de espalda en fin, mas aun así cada uno con su propia lucha y dolor alentando al que venía a la par o al que se empezaba a quedar, no viéndolo como un competidor/a, si no como a un compañero/a. Luego pasamos por China Town, las diferentes comunidades asiáticas alentándonos, con sus disfraces de dragones y música…



Casi al final cada kilometro se hacía más largo, poco importaba el tiempo, lo importante era cruzar la meta, sabíamos que éramos del “Montón” de los que no corren por premios, ni preseas si no por pura satisfacción personal. El ultimo kilometro tanto para mí como para otros quizás ha sido el kilometro más largo de nuestras vidas, pero también el más satisfactorio, pues nos permitía llegar, a conquistar nuestras propias limitaciones, para abrazarnos a una meta. Al cruzar la línea final, no puede menos que dar gracias a Dios por darme vida y salud para lograrlo. El dolor de piernas poco a poco va pasando y sé que pronto lo olvidare, más esa experiencia enriquecedora, ya es parte de mi historia personal y la satisfacción es algo que por siempre alegrara mi corazón, hoy viene a mí, esa frase que más de una vez escuche: “Nunca, nunca los de adelante van tan lejos, si los de atrás corren bien” y yo agregaría: es que son los que más se divierten y comparten.



Oxwell L’bu

Foto: Internet