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jueves, 30 de julio de 2015

***Ojos De Luna Llena ***

. ***Ojos De Luna Llena***
Cuando mi padre partió de Xela
se llevó tatuada en su corazón,
a la luna gardeña de plata,
que se volvió canción.

Allí quedaron sus recuerdos de niño,
allí dejo plantada una ilusión,
porqué la tierra llama a sus hijos
y sus hijos son parte de ella.

No consiguió volver pero si renacer,
llevando con sigo esa alma de trovador
que al conjugarse con el retoño
de aquella flor antigueña,
dio como fruto un corazón de poeta.

Tiene ojos de luna llena,
le decían a la madre,
al escucharlo el padre
evocaba a aquella luna de Xelaju.

Tiene mirada de quién  corteja
con los ojos...
Y dichosa respondía la madre,
es que fue arrullado esuchando
boleros...

Es que la tierra llama a sus hijos,
pero cuando estos no vuelven,
ella deja ver su semilla en la
próxima generación,
para que nunca olvide
el corazón.
Oxwell L'Bu copyright 2015

lunes, 23 de julio de 2012

“Noche De Embrujo En Xela”

“Noche De Embrujo En Xela”

La luna se disponía a dormir, pero el sol la despertó, pues quería que lo arrullara con su voz…Mientras las estrellas titiritando de frio, en aquellas noches eternas, donde la luna plateada se desvela esperando la alborada, para que amanezca en Xelaju.

Xela la tierra de la abuela, cuna de la cultura, donde se ha arrullado a poetas y cantores, ciudad donde nacen todas las noches nuevos amores…Allí donde el sol se levanta temprano, para besar a la... luna y se acuesta antes de que anochezca, para acariciarla… Los enamorados, salían a las calles bañadas de plata, algunos a dar serenata, otros aprovechando la penumbra para regalarse algo más que un beso. En esas noches de cortejo y romance donde el amor anda en su corcel repartiendo suspiros.

Como lobos saliendo de sus madrigueras, se ve a los poetas y trovadores, haciendo alarde de sus versos y sus coplas divinas, que bajo el embrujo de la luna se convierten en canciones, que embriagan a las niñas que suspiran en sus portales. En esas calles cubiertas de flores que tiemblan de la emoción al escuchar esa canción que corre por las venas y que aun el tiempo y la distancia repiten como el vaivén de una campana en el corazón.

Los ecos de una marimba se escuchan, sus teclas morenas retumban en las montañas trayendo melodías cargadas de recuerdos, que en el parque central son el motivo o el pretexto para entablar una conversación, que termina en una noche de tertulia. El Soñador, como una sombra en la penumbra, camina por las calles buscando a su amada, pero ella no se asoma a la ventana, ni lo espera en su portal, porque ignora que él la ama, que una mano invisible le aprieta el corazón, cuando pasa cerca de su balcón… El se desvela todas las noches esperándola, pero ella es la gran ausente y se pregunta y le reclama al destino: -como puede ser que tuerzas el camino, por donde la podría encontrar. Como puede ser que por una sola vez, no apuestes a nuestro favor, será que acaso, que eres inmune al amor…
 
Pasan los días y las noches y la niña que lo ha hechizado con sus encantos no aparece, pero él la sigue esperando, sigue perseverando con una infinita ilusión, mira al cielo y esta noche no hay luna y piensa para sí: Hoy no se ve la luna en el cielo… Pero sé que ella está allí, quizás escondida detrás de una nube, como una niña viendo tras la cortina de su ventana, suspirando, soñándose entre los brazos de su amado…Porque ella lo ama aun que nunca se lo ha demostrado y la luna de Xelaju es testigo de que este amor que le profeso, lo he sellado con un beso de eternidad.
Oxwell L’bu Copyright ©2012
Imagen: Internet
 
 

viernes, 28 de enero de 2011

***Mi Tierra con Vientre de Cuna***

***Mi Tierra con vientre de Cuna***


Amanece en Chichicastenango
y el aroma del incienso en forma de humo.
sube a los cielos para despertar a los dioses…

Mientras en la sierra una nueva esperanza
nace llevando en su pecho la voz de su Nahual…
Un quetzal en la Verapases cruza el cielo azul,
proclamando y celebrando la libertad…

En Atitlan donde el cielo besa a la tierra avanza
un hombre en su mecapal lleva la esperanza,
de un pueblo místico y grandioso que como luciérnagas
emiten luz en la obscuridad.

Recorrer los cerros verdes del Quiche que son una
celebración de la madre tierra…
Para luego descubrir a la ciudad que como estrella de plata
brilla en medio de un verde espesor que es Xela
la tierra que vio nacer a la abuela…

Caminar por la costa sur sintiendo que el horizonte
se enciende cuando el sol parase posarse sobre el mar,
saciar la sed con cocos de Escuintla y sentir como la
garganta se llena de gratitud y se pone a cantar…

Luego poco a poco avanzar en la colina de la Fe donde
El Cristo Negro nos espera con los brazos abiertos,
decorar el sombrero tejido con paja para celebrar la fe,
para ser como flor en ese paisaje multicolor.

Sentir el calor de esa tierra caliente del oriente del país,
donde el hombre bravío trabaja de sol a sol
para hacer de esta tierra una gran nación.

Seguir asombrándose, maravillándose en el Caribe
guatemalteco, un Caribe diferente,
que más bien parece una foto del paraíso.

Llegar a la “Ciudad de piedra” donde sobre las rocas
aun se aprecian las huellas del hermano Pedro…
ver las buganvilias caer de los balcones…
Al abrir la ventana sentir el aroma de las rosas
y extasiarse con los aromas de la primavera…

En el Peten las pirámides Mayas se inclinan para
reverenciar al sol ante una nación cuya identidad,
es esquiva a las artimañas políticas que la quieren atrapar
y ante los discursos elocuentes que la quieren dominar.

En una tierra que no poseemos pues ella es quien nos posee,
ya que fue en su vientre de cuna donde nuestros ojos se abrieron,
ella es el suelo donde crecen nuestras raíces y los brazos que nos
abrigaran cuando seamos llamados a la eternidad…

Tierra del Maya, del criollo y del ladino de donde brota
ese vino que alegra sin embriagar…
¡Oh Dios! Que nos podamos encontrar…
Que podamos superar las diferencias…
Y que esa conciencia que nace de tener
una madre en común nos tienda lazos
de hermandad…

Si, ya con los cofres llenos sean marchado
los conquistadores…
Si, ya con el botín partieron los mercenarios…
¡Pensemos! Con lo más valioso no pudieron cargar,
que es nuestra herencia Maya, el amor y nuestra identidad.

El pasado, lo tenemos como enseñanza…
El presente es la materia prima que en la
fragua de la vida debemos moldear…
Y el futuro es una esperanza que a nuestros hijos
no podemos negar…

Guatemala…Tierra de los arboles,
Tierra del paraíso perdido…
Tierra donde tus mujeres han parido
a los hijos de la libertad.

Guatebella…La niña de los ojos del creador,
la tierra donde está la huella de Dios,
que tú seas la musa, el ángel, la esperanza
y la inspiración de las mujeres y hombres
que pisa este suelo donde tiene su aposento
la mirada de Dios.

Oxwell L’bu
Foto: Marlen López.

domingo, 24 de octubre de 2010

"Las Flores que Nädie Quiso

“Las Flores que Nadie Quiso”


El manto de la noche se tendió sobre las montañas y las plazas poco a poco se quedaban vacías, esperando el sereno… Sin nada que hacer, más que escuchar las historias triadas de la abuela el niño se fue a dormir. Reclino la cabeza en la almohada, más no conciliaba el sueño ,era como si una voz lo llamara, una voz que no lograba distinguir, todas las noches era igual, tratando de dibujar en su mente un rostro que apenas lograba recordar, tratando de reconocer una voz que desconocía. Se asomaba a la ventana y desde allí soñaba con emprender un camino que no sabía a dónde le conducía, mientras la luna de Xelaju lo contemplaba con la cara tiznada.

Lo tenía todo, pero todo era nada, sin la presencia de quien le dio el ser, no soportaba ser el pepe de la escuela, ser huérfano de madre, sabiendo que por razones que desconocía, su madre vivía en un lugar que solo había oído mentar. Por lo que un día como un ángel el niño emprendió el vuelo en búsqueda de su madre.

Con tan solo unas pocas monedas y el alma llena de esperanzas, antes de abordar el bus, Ángel conto una a una las monedas y pago por una gallina que compro en el mercado, que sería su única compañía, en la travesía rumbo a la ciudad capital, con cara de asustado y de equipaje sus escasos recuerdos, unas pocas indicaciones de cómo llegar, abordo el autobús de sus temores y esperanzas, dejando atrás la comodidad y seguridad. En un viaje que duro unas horas, donde todo le asombraba, se llenaban sus ojos de paisajes, así como de incertidumbre al no saber con certeza si iba en el camino correcto.

Al llegar a la capital, bajo del autobús con su carita de asustado, abrazando la gallina y apretando con su mano aquel papel. No era más que un niño perdido en la “Tacita de Plata” (como se le llamaba a la capital guatemalteca), con un mapa que apenas le alcanzaba para espantarse el susto. Pregunto una y otra vez, pidiendo indicaciones y su carita denotaba que no andaba de vacaciones, sin un número de teléfono al cual llamar, preguntando una y otra vez, le sorprendió la noche y un aguacero que le empapo hasta el alma. Se quedo dormido bajo un puente, abrazado a la gallina. Al día siguiente el hambre lo despertó y lleno de temor, mas con esa determinación que nace del corazón que ama, con las pocas pistas siguió buscando el camino. Llegado el medio día, la barriga le reclamaba, los pies le ardían y hasta el temor había cedido ante el cansancio… La desesperación poco a poco se alojaba en su pecho, siguiendo su instinto, ya que aquel mapa no le conducía a nada. Cayendo la tarde, cuando pasaba por un mercado, una mujer lo vio y sin conocerlo, mas reconociendo las facciones de la madre en el rostro del niño, le pregunto: ¿A quién buscas? El contesto: a mi mama y por una de esas benditas “Causalidades de la vida” aquella mujer lo condujo asía ella.

La madre, estaba trabajando y al verlo llegar, lo reconoció inmediatamente, sus ojos se llenaron de alegría y por sus mejías corrían lagrimas de cristal, corrió hacia él dejando todo a un lado, el niño corrió también llevando la gallina, que era un regalo para ella. En la casa de aquella mujer, no había muebles, ni comodidades, pero estaba llena de un amor, que la convertía en un rincón cerca del cielo, sus días eran de fatiga y trabajo, más aun que siempre andaba ocupada, lo abrazaba a cada momento de forma efusiva como quien celebra una fiesta. Pese a las limitaciones y pobrezas aquellos eran los días más felices de su vida, corriendo tras la gallina, retozando con los patojos (niños) del barrio y con los mimos de su madre la pobreza no parecía importarle. Mas esta suele ser dura y muchas veces duele.

No paso mucho tiempo, para que la abuela llegara a la capital a buscarlo, determinada a llevarlo de regreso, ya que era su único nieto, el destinado a seguir con el nombre y la tradición de la familia. Lo encontró junto a la madre, ayudándola en su trabajo, quiso arrebatárselo de un tajo, pero esta vez, ella ya no era la niña que asustada se quedaba cayada, lucharía por él, aquel día se fue la abuela, pero volvería. Y así lo hizo más de una vez, sin conseguir su objetivo. Hasta que finalmente decidió a apelar a lo que ninguna madre le puede negar a un hijo, un futuro mejor… Sabía que nada tenía, que junto a ella, su futuro era de incertidumbres, pues a duras penas le lograba ofrecer el pan de cada día, así que por el bien del niño accedió, mas al ir por él, Ángel se resistió a irse con la abuela, ella se enojo y no comprendía como él podía preferir el vivir en aquella pobreza, por lo que se jugó su última carta y el dijo: Si no te vienes conmigo, nada te daré, ni ahora, ni en el futuro, perderás tu herencias. Aquello al niño poco le importo, con tal de estar cerca de su madre.

La madre trabajaba hasta en cansancio, sin días feriados, ni domingos, ni mucho menos con vacaciones, aun así la pobreza era día a día alguien recurrente que se instalaba en sus vidas. El tiempo como siempre ganaba la partida y el niño crecía, poco a poco se hacía consiente de la pobreza que le rodeaba y estaba dispuesto a sacarla de sus vidas. Tendía sus manos chiquitas para trabajar en cualquier menester, que le permitiera ganar algún dinero, que con el orgullo de un hombre le daba a su madre…

Pero no siempre, había la oportunidad para que un niño, se ganara unos centavos y aquel día de las madres, era uno de esos días en que la oportunidad no le llego, aun así, se fue al mercado de la “Placita Quemada” con todo la ilusión del mundo, contando los centavos con la mano metida en el bolcillo del pantalón, mientras caminaba silbando una canción; se dirigió al área donde estaban las vendedoras de flores, que en pleno mes de mayo, hacían como se decía, “su agosto” dado el precio y la demanda que tenían las flores por aquellos días. Se dirigió a una de ellas, las que tenía las rosas más bellas, más al preguntar el precio por la docena de rosas, se sintió chiquitito, sus centavos eran nada. Luego pregunto por los claveles, después por las margaritas, los crisantemos, las orquídeas, pero al parecer el dinero de su pequeño mundo no alcanzaba…Decepcionado y triste, se puso a caminar alrededor del mercado, como buscando que el cielo le tendiera una mano y alguien del mercado necesitara de sus servicios, como mensajero, cargador o limpiador, pero nada. Le dieron las horas de la tarde, hasta que alguien necesito ayuda, para acarrear unas cajas, el presuroso se ofreció y gano el primer dinero de aquel día, mas aun así le fue insuficiente. Con la tristeza de quien renuncia se disponía a regresar con las manos vacías, con el estomago refunfuñando y sus ilusiones de niño tiradas en el suelo cual si fueran pedazos de espejos quebrados, empezó a salir del mercado, viendo a los elegantes señores que llevaban con ellos los grandes arreglos florales. Como que una mano lo condujera, se dirigió al basurero del mercado y sobre poniéndose a los olores nauseabundos, se puso a buscar entre los desperdicios y basura, poco a poco iban apareciendo rosas, claveles, crisantemos y flores que nadie quiso, hasta que sus brazos se llenaron de tantas que sus manos apenas las lograban agarrar, luego se fue a una de las piletas del mercado a lavarlas con cuidado, una a una las fue limpiando, eran como diamantes entre el barro, que una vez limpias brillaban con luz propia…

Presuroso se fue a casa, con el alma llena de ilusión, pues le llevaba a su madre el ramo de flores más hermoso del mundo, ella lo vio llegar con esa alegría que desborda, lo abrazo efusivamente, él le entrego las flores, ella lo beso como quien quiere comérselo a besos, busco el frasco más grande que tenían en casa y las puso en la meza, cenaron juntos, comieron lo de siempre, pero en ambos había una alegría, que trascendería el tiempo.

Oxwell L’bu

Foto : Internet