miércoles, 23 de febrero de 2011

***Cronica de un Bulevar***

***Crónica de un Bulevar***


Desde que el destino quiso cruzar nuestros
caminos por aquel bulevar de los Amaneceres…

Tu sabias que desde que te vi te pretendía,
como pretende un ciego ver la luz del día;
desde siempre has sabido que te amo
y para eso no necesitar recurrir a la adivinación.

Porque desde que te vi has sido mi mayor ilusión
y de mis sentidos la mayor tentación…
Pero no teníamos edad, pero los peros surgían
con tal abundancia que motivaban mis ansias.

Todos los días pasaba por tu casa con la ingenua
alegría, solo de verte asomar por la ventana,
pero un día de repente de esa ventana fuiste
la gran ausente…

Te fuiste lejos, solo Dios sabia a donde…
En mi desesperación te busque por todas
partes, pregunte pero nadie contesto.

Termine la primaria y en la graduación,
tú no sabes cuánto te extrañe…
Pasaron los años y no fue fácil sentir
y vivir tu ausencia…

¿Qué si bese a otras? Si, era una estúpida
forma por querer sentir lo que sentí contigo
sin tan siquiera haberte tocado…
Era una estúpida forma de sentir tu sabor,
sabor que adivinaba al recordar tu aliento.

Pero un día en la esquina del colegio,
esa que sirve de intersección entre la
calle Amores y la avenida Romances,
después de algunos años te encontré…

Yo sin dudarlo te seguí y al notarlo
aceleraste el paso…
Pero un tropiezo del destino te detuvo
y al encontrarse nuestras miradas
me reconociste…

No hicieron faltas las palabras,
ni bobas explicaciones…
Nuestras manos temblaban,
nuestros pechos eran como tambores.

Te sentí suspirar y tus ojos lloraban de alegría,
te tomaste de mi brazo y como quien asiste
a una gala inflame el pecho orgulloso de llevarte
a mi lado caminando por la calle Amor…

Luego cruzamos por la Avenida Romances,
sabiendo que la vida ahora nos permitiría
realizar otros avances…

Han pasado más de …Tantos años…
Y aun me tiemblan las manos cuando te toco,
te he besado mil veces y aun sigo sintiendo
la emoción de aquel nuestro primer beso…

Soy como ese perro viejo sabueso,
que de su amo nunca se quiere separar,
quiero seguir llevando de mi brazo por
por esas calles y avenidas hasta llegar
esa esquina…

Que sirve de intersección entre la calle Esperanza,
para luego cruzar por la Avenida Eternidad,
avenida que quiero cruzar de tu mano…

Porque sin ti pierdo la brújula de mi destino,
sin tus palabras no encuentro el camino,
que me conduce al bulevar que nombramos
“Amor hasta la Eternidad”…


Oxwell L'bu
Imagen Internet

lunes, 21 de febrero de 2011

***El Célibe***

***El Célibe***


Hoy quise escribirte una carta…
Una carta de esas que por su belleza,
aun que vaya a parar al cesto de basura,
en verdad nunca se tira porque sus letras,
porque sus frases tiene tal hermosura,
que quedan grabadas en el corazón…

Pero ante la inconsistencia de mis palabras,
que llegan al punto del olvido…
Pues he olvidado cómo conjugar los verbos,
ya que el pasado es el presente y el presente
es un futuro pretérito in-concebido.

Por lo que decidí hacer gárgaras con las vocales,
luego me cepillé los dientes con las consonantes,
para ver si así escupía sentimientos en forma
de palabras…

Llevo casi tres horas tratando de escribir lo que
te quiero decir…
Pero no consigo escribir sigo sin concebir como iniciar,
esperando que un ángel se apiade de mi y venga
a besar mi frente…

De momento solo consigo contemplar esas escenas
que se repiten en mi mente en blanco una y otra vez,
poniendo mi mundo al revés.

Contemplo como desde el alba hasta el amanecer,
mis ojos eran centinelas nocturnos que exploraban
centímetro a centímetro la sensualidad de tu territorio.

Mis manos eran como niños descalzos que bañados
de ternura en forma sigilosa se perdían en tu belleza,
poniéndole amaras a mi torpeza para que en mí
desesperación por poseerte no despertaras.

Pues no quería perderme de ese eclipse donde
la imaginación y la pasión se pone en perfecta conjunción,
sin dejarle al amor otra salida que la de manifestarse mas
allá de los sentidos, mas allá de los latidos del corazón.

El cielo era un inmenso charco al que tú y yo evadíamos,
saltando de estrella en estrella y donde un cometa
era nuestra bicicleta…

Y así empapados de su eternidad nos perdíamos en el
universos donde los versos se escribían con caricias
y un beso era una canción…

Te besaba de los ojos a tu boca…
De la boca a tu vientre…
Hoy estoy aquí pensando en ti,
sabiendo que en este laberinto no
encontrare la salida…Al menos que
encuentre tu mano.

No buscare otros amores…
No buscare aventuras…
Seré célibe y penitente…
Pues me siento impotente…
Porque este amor es solo para ti.

Oxwell L'bu
Foto: Internet

miércoles, 16 de febrero de 2011

"De Manita sudada I..."

“De Manita Sudada…”


(Primera Parte)

En esa edad de la inocencia, cuando nos sorprende la impaciencia por querer crecer…Cuando las hormonas son maratonistas que no paran de correr…Cuando un granito en el rostro nos echa a perder la apariencia y vamos cobrando conciencia de cosas que ignoramos hasta ayer…

A los patojos se les podía encontrar, en el lugar de siempre, las canchas de juego, donde iban tomando estatura sus aspiraciones de hombres y poco a poco se sumaban los desertores, que ahora eran como centinelas de las esquinas corriendo tras de las faldas de alguna chica, que poco a poco iba mostrando sus dotes de mujer.

En este lapso de la vida que nos llega de repente y que igual termina sin despedida, Miguel Alejandro al igual que sus amigos, poco a poco le daban despedida a los pantaloncitos cortos y el espejo empezaba a ser un amigo y enemigo recurrente. Los juegos que antes tantos los entretenían empezaban a perder sentido y las que siempre fueron sus aguafiestas, las criaturas mas funestas empezaban a robarles la atención. Pero el al igual, quedos de sus amigos guardaban con celo una preocupación; veían a sus amigos crecer y ellos cada día se parecían encoger, cual si fueran nuevas prendas que se lavaron sin echarles el sanforizado. La música poco a poco se empezaba a apoderar de su mundo, escuchando palabras que antes solo oían… De repente una mirada bella, una cintura tallada, unas piernas contorneadas, una cadera coqueta o un escote generoso captaban toda su atención, provocando un aceleramiento de su corazón que hacía que la sangre se les subiera a la cabeza y se sonrojaran ante la menor insinuación.

Cual si fueran uvas en la viña de la que se va tomando una a una, de aquel grupo de amigos de toda la vida, sin darse despedida, poco a poco cada uno se iba corriendo tras su propia ilusión, esa ilusión primera que deja una huella en el corazón. Y un día, se vieron solo los tres, como mosqueteros sin espada, esperando la luz de la alborada… Para engañar a sus propias emociones, jugaban noche y día a la pelota, pero sin que nadie les dijera nada, cuando miraban a una parejita de la mano o dando se un beso, sabían que en su vida algo les faltaba…

Ante aquellos primeros infortunios, decidieron, retorcerle un poco la mano al destino o a lo que fuera, que no les permitía crecer al ritmo que su contra parte exigía…Cambiaron sus peinados, buscaron zapatos, que les ayudara a ganar estatura, aprendieron a bailar como trompos, agiles y con gracia. Cada vez que podían o sabían, se iban a plantar de mirones a los repasos (fiestas), que en la Colonia con frecuencia se hacían, donde casi todos iban con su pareja y las que quedaban sueltas, había ya un enjambre de abejas que se alzaban hacia ellas como abejas a la miel.

Pero como todo en la vida, siempre hay una carta escondida, que debemos descubrir. Miguel Alejandro pese a que a cada momento tropezaba con su mala ortografía y una caligrafía, que era difícil de entender, tenía esa gracia de escribir con la dulzura y encanto a flor de piel, lo cual le permitía participar de forma sobre saliente, en los concursos escolares de poesía y composición, bueno, luego de haber sido corregida la ortografía. Esa sola gracia, hacia que muchos de sus amigos, llamaran a su puerta, en espera de una ayuda para escribirle cartas perfumadas, a los doncellas que les robaban el sueño. Algunos le empezaron a pagar, era una especie de soborno, para que Miguel Alejandro no fuera a delatar, que el autor de aquellas cartas de enamorados era él. Y así empezó a ganarse en la vida, el primer dinero de su haber, escribiendo cartas que no firmaba, pero que llevaban ese sello, que no se puede esconder. Lo más irónico era que algunas veces se veía escribiendo cartas, a muchachas que a él le gustaban, pero que ellas lo ignoraban, ya que lo miraban como un niño.

Oxwell L’bu

"De Manita Sudada II..."

“De Manita Sudada…”


(Segunda Parte)

Esa picardía ingenua que gravita en las mentes, de los patojos de todos los tiempos, en ellos no se hizo esperar…Por aquellos tiempos a “alguien” se le ocurrió darle un valor nominal, a algo que corría de mano en mano y por lo cual había que pagar, pero una vez usado, era descartado, eran los tickets o boletos para abordar el autobús de servicio público, dado que para el control del pasaje venían numerados, a “alguien” se le ocurrió, que cada vez que al sumar los dígitos sumara 21, este podría ser canjeado por un beso… Nadie sabe, como, ni cuándo pero la idea fue aceptada por ambos bandos (chicas y chicos) aun que por supuesto la chica no estaba obligada a cambiar, el mentado 21 si el chico no era de su gusto o agrado, fue así que como polvorín, aquella idea se expandió por barrios y colonias de la capital. Y allí andaban los patojos hurgando en las calles, para hacerse del os mentados 21….


Miguel Alejandro seguía escribiendo, cual si fueran encomiendas aquellas cartas de enamorados, al parecer, el solo fantasear que eran para aquella, “Niña de sus Sueños “ que aun no conocía, le hacía escribir a un en prosa , la poesía más hermosa… Héctor y Estuardo sus amigos inseparables, seguían usando fijadores, peinándose hacia a tras, para que el pelo les quedara parado y así, aparentar un poco mas de estatura. Fue por estos días, que hablando del tema eterno, que les ocuparía el resto de sus vidas, el de las mujeres… Decidieron, ponerse un plazo para conseguir guisa (novia), a sabiendas que las chicas más o menos de su edad, no les ponía coco(no les prestaban atención) pues los miraban como niños, mientras ellas crecían con la rapidez de un tulipán, luego del invierno. Por lo que buscarían chicas más jovencitas, pero que no fueran niñas, lo cual reducía sus probabilidades.


Siempre andaban los 3 juntos, como mosqueteros sin espada, con el alma alborotada y esas ansias locas de aprender a besar… A la hora que se empezaban a transmitir las mentadas novelas por la tele, inventando cualquier escusa, se sentaban con la mama, frente al televisor, para ver que aprendían; por supuesto no faltaban los oídos atentos, en las reuniones de las esquinas, escuchando las historias (muchas veces exageradas) de los muchachos mayores y sus traídas (novias). Entre tanta información desvirtuada, no sabían que creer y la pregunta eterna, sin responder era: ¿Qué es lo que le gusta a una mujer?

Preguntarle a la mama, no era una opción, por esos tiempos esas cosas no se hablaban en casa (en la mayoría de los casos) y si se hablaban siempre se hacía con frases disfrazadas. Por ejemplo, los patojos no entendían, el porqué, en un día caluroso, estando en una piscina, algunas chicas, no se metían a nadar, o porque en el colegio alguna chica salía con el suéter atado a la cintura, o el taparse la cara cuando en la tele dos actores se besaban, o en el caso de los varones, experimentar esas erecciones involuntarias, en los momentos menos indicados…

Todos los días, a eso de las 6 de la tarde, cuando el sol está a punto de irse a dormir, se miraba en la Colonia, los grupos de patojos, en las esquinas chuleando a las patojas o aplanando calles, yendo de arriba para abajo, para pasar una y otra vez, frente a la casa de una chica que les gustaba. No era extraño tampoco, verlos con un radio portátil, escuchando música en ingles o español de los artistas de la época. No faltaban los que se quedaban parados frente a la ventana de la chica y le subían el volumen al radio y se ponían a cantar, aun que ellas no salían. No faltaban tampoco los picarones, que andaban en el colegio, poniéndose debajo de gradas o escaleras para verles a las chicas los calzones, para luego comentar entre los amigos, de qué color lo tenían. De parte de las chicas tampoco faltaban, aquellas que eran más abusadas y a forma de pedradas, se le quedaban viendo a los chicos para chivearlos (que sintieran vergüenza).

Fue la tarde de un domingo, en que los tres mosqueteros, se peinaron, se perfumaron con la colonia del papa, lustraron los zapatos y chequearon su apariencia, una y otra vez, antes de salir, a una de aquellas fiestas donde la mayoría asistía sin invitación, los mentados repasos, que en la mayoría de los casos estaban llenos a reventar. Ya habían ido a uno de la llamada Isla, pero no se podía entrar, por lo que caminaron, sobre la 17 calle, hacia la 5 avenida, donde había otro, pero estaba igual, lo bueno para los patojos en aquellos alborotos, era la posibilidad de pasar respirando el aroma del cabello de una chica o sentir su cuerpo cerca, aun que claro no faltaban los aprovechados…

Como pudieron entraron a la fiesta, la música invitaba a bailar, algunos como podían, se abrían espacio, para impresionar a las chicas con los pasos, que acababan de aprender. Algunos ante la falta de chicas disponibles, hacían como una fila, donde uno a uno iba mostrando su talento para bailar, tratando de llamar la atención. Los tres mosqueteros estaban allí, viendo el panorama, cuando Estuardo noto, que una chica miraba hacia donde estaban ellos con insistencia, sin lograr disimular, el se los hizo saber a los otros dos, pero Miguel Alejandro repuso: -No es a nosotros, mucha. Héctor replico: -Te está viendo a vos, verdad que si Estuardo. –Simon vos, te está viendo. Miguel Alejandro les volvió a decir: -No me den casaca mucha. No en serio, te está viendo, repusieron los dos. Como ella estaba bailando con alguien, Estuardo y Héctor se la ingeniaron, para averiguar el nombre del muchacho, luego fueron hacia él para decirle, que alguien afuera lo buscaba. Al quedar ella sola, animaron a Miguel Alejandro, para que fuera a sacarla a bailar, el no estuvo del todo de acuerdo, por la mala jugada, pero la verdad era que desde que la vio, esos ojos lo cautivaron.

Fue hacia ella, como quien va a enfrentarse una terna examinadora en la universidad, le temblaban las piernas y aun que en cuestión de segundos, ensayo una y otra vez lo que le iba a decir, cuando la tubo frente a él, no supo que decir… Sus ojos eran como soles, él como un plástico que se derretía y descoloría frente a su mirar…Pero no hicieron falta las palabras, ella lo tomo de la mano y se pusieron a bailar. El se sentía inútil, incapaz de poder articular palabra alguna, ni siquiera para preguntarle su nombre… Momentos después, volvió aquel muchacho, buscándola, ella al verlo, tomo a Miguel Alejandro de la mano y como pudieron se escabulleron a otro rincón de la sala, escondiéndose entre el montón, ella le dijo: Que bueno que ya se fue, yo ya no quería bailar con él, pero es tan insistente y se te pega como chicle… ¡Gracias! ¡Hola! Yo me llamo Maribel y tú. –Yo, yo Miguel Alejandro.

Al percatarse, que se había ido el muchacho, regresaron a bailar. Estuardo y Héctor al ver que definitivamente, no había chicas para bailar y que además no querían hacer tierra (estorbar o ser impertinente) decidieron irse, no sin antes despedirse de Miguel Alejandro y con discreción, dejarle un par de 21 en la bolsa de la camisa.

Oxwell L’bu

"De Manita Sudada III..."

“De Manita Sudada…”


(Tercera Parte)

Entre un mundo de gente, camina adolecente, buscando una identidad que le es esquiva, realidad que de vez en vez emerge difusa que lo reta a ser creador o critico, de un mundo que le cierra las puerta, para que se cuele por la ventana…

Miguel Alejandro, luego de dejarla en su portal, caminaba de regreso a casa, repitiendo como si fuera un rezo su nombre, en una letanía interminable de frases, de palabras que le hacían evocarla; aquellas calles que hasta ayer no le decían nada, hoy eran tierra sagrada, donde ilegibles estaban las huella de su niña enamorada…Como nunca sentía el aroma de las flores de los jardines de aquellas casitas todas iguales, donde los matorrales de buganvilias parecían celebrar con el…En la esquina de siempre, aguardaban por él, Estuardo y Héctor, con un cumulo de preguntas y en el rostro ese sonrisa picara y cómplice de los amigos con quienes se comparten las travesuras. Fue Estuardo el primero en preguntar: -¡Puchica vos! estaba bonita la patoja y que onda, ¿Es ahora tu novia? –No. Se apresuro a responder. Héctor comento; -No me digas que no te pusiste las pilas vos, la guisa (muchacha) esta chula vos. –Si mucha, pero ella no es como todas… -¿Y le sacaste el 21? Pregunto Estuardo. –No mucha, ya les dije que ella es diferente, apenas nos conocimos y a las flores hay que regarlas. – ¿Vos y como se llama? –Se llama Maribel. Este bonito el nombre, replico Héctor. Luego de bromear y hacer más preguntas indiscretas, se despidieron. Aquella noche sin que nadie, lo notara en su casa, Miguel Alejandro, se subió al tejado, llevando consigo a su gato, un pequeño radio a transistores para escuchar música y una sabana. Se tendió donde pudo, deseando con toda el alma, el haber causado en Maribel, la misma impresión que ella había causado en él, le apretaba tan fuerte el corazón y le hacía repetir su nombre y recitar aquellas palabras: Hoy un ángel a sobornado al destino, se cruzo en mi camino, haciendo al corazón estremecer y descubrí cuanta belleza pueden reflejar unos ojos de mujer…Y así pensando en ella se quedo dormido.

Fue a partir de aquel día, que instituyo aquel ritual: se apresuraba para hacer la tarea y las cosas de casa, luego al dar las cuatro, con ahincó lustraba sus zapatos, se limpiaba una y otra vez los dientes, se bañaba, se enlocionaba, para luego salir a verla. Compartían cosas sencillas, pláticas amenas, un paseo por las calles de la colonia, a ella le gustaba jugar de adivinanzas y hablar de música… Un par de horas, luego se despedían y al regresar a casa, allí estaban sus amigos en la esquina de siempre esperándole, animándole, queriendo saber que tanto aquel día había avanzado…Sabiendo que los consejos no estaban de mas el entusiasmado los escuchaba, ya que cada palabra que se refería a ella, era como un leño que mantenía la hoguera…

Seguía escribiendo las cartas, como un asalariado de Cupido, luego se ponía a hacerle aquellas bellas y elaboradas tarjetitas, en papel calco para Maribel las cuales pintaba en colores pastel…Pero a la hora de buscar, una forma de camuflaje, sus sentimientos con frases que lo dijeran sin decirlo, las palabras simple y sencillamente, se le escurrían de las manos, como peces en el rio. Pensó una y otra vez, en declararle sus sentimientos, pero cuando tomaba valor, alguien llegaba, o la llamaban, o se quedaba balbuceando palabras que al final no le salían. Se preguntaba una y otra vez, porque le era tan complicado escribirle o decirle sus sentimientos y a la vez esa facilidad para enamorar con las palabras a las novias ajenas…

Un finalmente, todo se confabulo, para regalarle aquel momento, no supo, ni cómo ni cuándo, pero a quemarropa le lanzo la pregunta: ¿Quieres ser mi novia? A lo cual Maribel sin decir sí, ni no, respondió de forma esquiva. El muchacho lo interpreto, como un NO caritativo, ahora de aquel león al que no le cabía el corazón, solo quedaba un gatito cautivo y como un fugitivo, luego de despedirse se marcho. Estuardo y Héctor, lo esperaban donde siempre, el los vio y siguió de largo, por un momento pensaron en seguirlo y preguntar, pero era evidente, que su vuelo, era el vuelo de un pájaro herido…

Un par de días después, pudieron hablar con él y sin mayores detalles, ellos comprendieron, lo que había sucedido, pero convencido de que todo en la vida, merece otra oportunidad, Estuardo le dijo: No te sientas así, ella no te dijo que no, eso quiere decir… Eso quiere decir, que no quiso lastimarme. Replico Miguel Alejandro. –No vos, eso quiere decir, que al igual que vos, ella no sabe cómo reaccionar, vos mismo decís que no ha tenido novio. Bueno entonces, escribile una carta, de esas bien chileras, como las que escribís vos, explicándole tus sentimientos y diciéndole que si te confundiste, eso no significa que no puedan ser amigos. Esa misma noche, se puso escribir aquella carta sin remitente, que entregaría personalmente.

Al día siguiente, renovó aquel ritual y al dar las cinco, se fue a verla. A la distancia vio, que alguien miraba por la ventana, luego se escondió, toco el timbre, pero no abrió ella, si no la hermana. –Hola que tal, disculpa esta tu hermana. – No fíjate, que la vino a traer un muchacho y se fue con el…Miguel Alejandro sintió, que el mundo se desplomaba delante de él…Luego la hermana soltó, la carcajada y le dijo: -No son cuentos, ahorita viene, se está poniendo chula para ti…El ya no supo que decir. Momentos después ella salió, lo tomo de la mano y se fueron a caminar por las calles de la colonia. Ella le pregunto, que porque dejo de llegar de repente, que si le había sucedido algo en fin, el le dijo que no se había sentido bien (No le podía decir que porque no había llamado, pues por ese tiempo, muy pocas casa en la Colonia contaban con servicio telefónico). Regresaron a la casa de ella y antes de despedirse, el saco la carta y se la entrego, ella lo vio con un dejo de tristeza, tomo la carta y se dispuso a entrar, pero se regreso y en un momento mágico, acerco su boca a la de él, incrustándole uno de sus dientes en el labio inferior y así sellaron el inicio de aquel gran amor. Un amor que buscaba momentos a solas para robar un beso, besos con sabor a menta, donde una caricia desataba una tormenta de hormonas alborotadas… Manos que cuando se encontraban la ocasión para encontrarse temblaban de emoción y estaban sudando…

Oxwell L’bu

***Las Flechas de Cupido I ***

***Las Flechas de Cupido I***


(De repente y Lentamente)

Fue un día de esos cuando en tu
vida no ocurren mayores sucesos,
que te conocí…

Llegaste así como la lluvia de repente,
sin avisar pero empapando mi vida
con tu presencia…

Tenias alambres en los dientes
y hablabas sin parar que me parecía
que tus manos eran ecos de tus palabras.

Yo no tenía mucho que decir prefería
escuchar y ver que cuando te encontrabas
con mi mirada volteabas a ver a otra parte,
con una gracia disimulada…

Sería que habían muchos testigos…
Sería que Cupido perdió sus flechas
o que el amor llega cuando no lo sospechas.

Mas solo se decirte que me causaste
una agradable impresión…
Sin que por eso se comprometiera
mi corazón…

Te fui a dejar a tu casa sin sospechar
que aquel encuentro mi vida iba a cambiar;
con la complicidad de tu hermana entrarían
sin hacer ruido para que tu padre no despertara.

Pero antes de despedirnos el encendió la luz
de aquel viejo farol…
Se despidieron tan a prisa que no supe si
algún día te volvería a ver.

Caminando hacia mi guarida,
iba como un loco casando estrellas,
tratando de pintarle la cara a la luna,
llenando mis pulmones del aroma que
expelen las flores que adornan el jardines…

Siento una felicidad extraña…
Sin sospechar que ese telaraña,
poco a poco se va enredando
en mi corazón…Y de todo lo que
hablamos solo recuerdo tu nombre.


Oxwell L'bu
Foto: Internet

***Las Flechas de cupido II**

***Las Flechas de Cupido II***


(Un Regalo sin Motivo)

Buscando en la biblioteca de mis sueños,
encuentro mi viejo álbum de fotos,
ese donde guardo los momentos
más preciados de mi vida,
esos a los que nunca se les quiere
dar despedida…

Y encuentro allí una nube de ausencias,
de personas que ya no caminan conmigo,
de que a todos ellos lo he querido,
Dios es mi mejor testigo…

Como cada día regreso a casa de estudiar,
sin que nadie espere por mí...
Excepto un perro fiel y amigo que sin palabras,
moviendo la cola me da la bienvenida.

Para el mi arribo es una fiesta y lo demuestra,
saltando, ladrando y con una cara que me
parece que esta sonriendo.

A eso de las ocho salgo a la rutina
de los días jueves a invitar a esa
fiesta de los viernes a los que muy
pocos quieren asistir…

Toco el timbre de tu casa,
yo espero que abra tu hermana,
más apareces tú…

Te entrego la invitación para la reunión
del grupo tú me dices que no sabes
si podrás asistir, yo replico:
¡Trata de llegar, te va a gustar!

Y sin decir más me despido…
Tú me dices espera un momento,
tengo algo para ti, yo me quedo
esperando sin entender.

Luego con esos gestos de mujer,
Pones en mi mano un disco de 45 RPM
y antes que yo diga alguna palabra,
tú te apresuras a decirme:
¿Esta es la canción de la que hablabas?

Yo te contesto que si uniendo como un
eslabón la frase: ¡No tenias que molestarte!
Con tu franca sonrisa solo me dices
¡Quería regalártelo!
Luego nos despedimos…

Yo sigo mi camino confundido,
será que me acostumbre solo a recibir
regalos cuando los merezco o cuando
dicta la ocasión.

Llego de nuevo a casa y voy directo
al tocadiscos para escuchar la canción
y mientras pretendo escucharla mi corazón
y mente arman un dialogo de posibilidades
que no me permiten escuchar...


Oxwell L'bu
Foto: Internet