El “amor”de los hombres,
suele darse como un premió,
como un intercambió,
que está subordinado
a las circunstancias.
Es un “amor” interesado,
la sombra del amor...
En cambio el Amor de Dios
es luz que resplandece
y no obedece a los capricho
de los deseos de los hombres.
El Amor, ese Amor,
es más fuerte que la muerte,
vence al pecado y nunca
claudica, más bien
nos reinvindica.
Porque es un Amor que libera
y potencializa los sentimientos
y hace que germine esa semilla
que llevamos en el corazón.
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