miércoles, 1 de mayo de 2019

***Me lo creería...***

***Me lo creería...***
Yo se que usted difícilmente
que me creería, que antes de
que usted llegará a mi vida,
el tiempo me tenia sin cuidado
y mi aspecto era descuidado.

Yo no sé si usted me lo creería
pero para mí lo más bello,
era desvelarme contemplando
a la luna junto a mi gato
y pasear en bicicleta.

Pero usted llegó con su mirada
imponente, se apoderó de mi corazón
y mi mente y entro en mi vida
sin invitación...
Yo no sé cual era su intención,
porque yo no andaba en busca del amor,
pero usted me ha dejado con mi mundo
alborotado.

Usted llegó y me dio a beber
de ese vino del amor y del placer,
sabiendo que yo era abstemio;
usted le puso alguna droga a sus
besos, pues me envició
y ahora no sé yo, cómo desasearme
de ese vició de su boca
y de todo lo que usted provoca.

No sé, si me enamoro
o yo me enamoré...
Fue como si llegara ese alguien,
que sin yo saberlo,
toda mi vida espere.

Ahora ella se fue y me dejo
un mundo de ausencias,
ella se fue y se llevó mis ojos,
mi boca, mi deseo,
mis ganas de vivir.

Ella me dejo hecho un garabato,
se apropió de mi bicicleta
y de mi gato...
Y la verdad es que un sólo rato,
sin su presencia se me hace,
una eternidad.

Ella se apropió de mí mundo
y hasta el gato que me eran fiel,
lo veo comer de su mano
y mi luna, no quiere decirme dónde está,
porque la verdad, es que siempre
estuvo celosa.
Oxwell L’bu copyrights 2019

Los tulipanes...

Hay en los tulipanes,
tal estoicismo y belleza,
hay elegancia y fortaleza,
pero nunca pierden
su esencia que es,
el ser una bella flor...

Oxwell L’bu

domingo, 28 de abril de 2019

“Árboles caídos”

“Arboles Ciados”
(Un Cuento mal logrado)

Erase una vez… Pero no fue solo una vez, era cada vez que la veía, el corazón le retumbaba, se le caía  la baba si ella le sonreía.  Ella lo sabía y el no trataba ni por un segundo de disimularlo, porque pensaba: -Si nada en esta vida se repite, entonces porque andar jugando al escondite.  Todo mundo sabe que la vida es corta y es tan obvio pero todos vivimos ignorándolo, como que con hacerlo engañáramos a la muerte…

Eran apenas unos niños, pero se profesaban un cariño que subía como  humo  hasta el cielo y formaba nubes de formas caprichosas.  Ella perseguía en su jardín mariposas, mientras él la  veía desde su ventana.  Siempre fue así, era como hubieran nacido atados por un cordón umbilical invisible que los unía.  Vivian uno frente del otro, tenían la misma edad y el mismo gusto por el helado de fresa, por las tardes lluviosas y ambos coleccionaban mariposas.  Cursaban el mismo grado, el en una academia cívica-militar, ella en un colegio de monjas.

Todos los días, se miraban, aun que nadie lo sabía, había entre ellos  una complicidad nunca acordada, pero siempre vivida. Hasta que un día, ella se fue a vivir con sus padres a otro lugar, del que nunca tuvo paradero, no pudieron despedirse, porque ella nunca supo que debía de irse, sino hasta el momento que le ordenaron hacer su maleta y se marcho.  De las cosas de la casa alguien se encargaría.

Desde aquel día, una profunda tristeza embargo el alma del muchacho y un dejo de melancolía en sus ojos se podían ver. Nunca más volvió a saber de ella y la vida como siempre continuo.  Pasaron los años el se graduó, luego ingreso a la facultad de medicina y tiempo después era doctor.  En todo ese tiempo siempre la busco, en sus libros, en la música, en las estaciones de autobús, en las calles en fin y más de una vez la ilusiones ópticas le hacían la jugada, creyendo verla seguía a una muchacha, pero al acercarse no era ella…

El siguió viviendo en el mismo lugar con su padre, pues la madre hacia ya 5 años había muerto por problemas respiratorios, razón por la cual él se hizo especialista en pulmones. Su padre para estas alturas de la vida, le urgía que se enamorara,  que se casara y le diera nietos.  Y aun que varias veces intento enamorarse, comprendió que su corazón se había ido con ella…Aun que a nadie se lo decía, guardaba la esperanza de un día encontrarla, aun  que para estas alturas de la vida seria casada y con su propia familia.  Pero eso no le importaba, con tal  de volverla a ver.

Había chequeado la guía telefónica, haciendo una y otra vez llamadas equivocadas, con la esperanza de que en ese ejercicio de prueba y error en una de esas acertara, pero nunca paso. Uno de esos días en que la vida parece confabularse a nuestro favor, caminaba por el hospital donde trabajaba; todo transcurría como de costumbre, hasta que hubo una llamada de emergencia.  Un paciente  proveniente del campo, mostraba un cuadro clínico complicado, con ataques de asma y una neumonía recurrente.  El acudió a la emergencia, la paciente traía puesto una máscara de oxigeno  y una aguja incrustada en las venas para suministrarle el medicamento.  El  la examino, ella estaba inconsciente.  Giro las instrucciones de rigor a la enfermera y dado que había terminado su turno se retiro.  Cuando iba camino a casa, se dio cuenta que su corazón latía mas a prisa que de costumbre y una sensación de no sé qué, lo embargaba.

Se paso toda la noche pensando en ella, pero esta vez de una forma más intensa y con la sensación de sentirla cerca. Al día siguiente  regreso al hospital, hizo la ronda de costumbre, al llegar a la sala de emergencias, la enfermera salió a su encuentro y le dijo: -Doc  usted si que tiene manos milagrosas.  -¿Por qué? Replico él.- Pues porque la mujer que usted trato ayer y venia casi muerta, hoy esta de lo mejor, aun que la he movido a observación, pues quiero estar segura.  El fue en ese momento al verla, al entrar en la habitación, esta se ilumino, era ella, la doncella que corría tras las mariposas en el jardín, un poco cambiada sí, pero esa forma de mirar estaba intacta.  Ella lo vio, como a alguien que conocía, al igual que el. Más tomo los registros de la enferma antes de preguntar y leyó el nombre, ¡Era ella!  El la llamo por su nombre, luego mirándola fijamente, le pregunto que si se acordaba de él, ella hizo como que no, pero sus ojos la delataban y luego le dijo con una emoción que le desbordaba el corazón que sí.  Después ella un tanto sonrojada se acomodo en la cama y él en una silla.  Ella le conto el porqué tuvieron que moverse así tan de repente, debido a que el humo de la ciudad le sentía mal a sus pulmones y a que estaba desarrollando una enfermedad. Con temor a la respuesta, le pregunto: -¿Y te casaste? Ella respondió que no, entonces ella como poniendo distancia le replico: -¿Y usted doctor? –Sí, si me case, con mi carrera….

En el hospital se miraban a diario y se ponían al día sobre sus vidas, pero sin atreverse a nadar en aguas más profundas. El se quedaba muchas veces casi haciendo doble turno para estar con ella; durante las horas de visita llegaba a cada rato y la tía empezó a sospechar (ya que sus padres ya habían muerto)  y le dijo: -Ese galeno anda interesado en ti.  Ella le replico: -No tía, somos viejos amigos de la infancia.  Pues no te ve como amigo y tú tampoco… Días después salió del hospital notablemente recuperada.  Se instalo en casad e la tía, dado que tenía que ir a chequeos periódicos al hospital. El la visitaba a diario y entre ellos volvió a retoñar como nunca toda esa ternura y amor, que guardaron sin saberlo para cuando la vida les regalara el reencuentro. Poco tiempo después se casaron en una ceremonia, sencilla donde apenas hubo algunos invitados.

Aquella noche de bodas, era como si le hubieran torcido el brazo al destino, que por tanto tiempo los separo, se amaron  y juntos tocaron el cielo, luego la noche cubrió su desnudes y se llevo la magia de aquella primera  y única vez, ya que el durmió para siempre, con una sonrisa en el rostro.  Se determino que la causa del deceso fue debido  a un infarto.  Ella repentinamente enfermo y fue llevada de nuevo a la emergencia; estuvo unos días allí, pero los médicos dijeron que su vida se apagaba como una vela soplada por el viento, ella  con las últimas fuerzas que le quedaban pidió que la llevaran a la casa donde vivo sus primeros años, pero no pudieron dado que la casa ya no le pertenecía, en cambio la llevaron a la casa del suegro, el accedió sin dudarlo.  Y una tarde lluviosa de mayo, le dio alcance a su eterno enamorado que esta vez al verla  venir a través de la ventana de la eternidad, salió a su encuentro…

Esa  tarde llovió como nunca y se extendió durante toda la noche transformándose  en tormenta.  Al amanecer quienes vivían en el lugar, vieron techos  y poste de electricidad caídos y en la casa del doctor dos árboles caídos, que  parecían abrazarse uno contra el otro, como resistiéndose a sucumbir.  Las autoridades pensaron en derrumbarlos, pero el padre del muchacho se opuso, ya que recordó que aquellos arboles fueron sembrados el mismo día, cuando eran niños por su hijo  y  la que siempre fue la niña de sus ojos.

Los arboles no murieron, como pudieron se aferraron a la vida, rellenando con naturaleza sus heridas y hoy se les ve como si se estuvieran besando…
Oxwell L’bu

sábado, 27 de abril de 2019

Los tulipanes

Iba cayendo la tarde, la nieve no cedía
y lo vi temblando de frío y envolviéndose
entre sus propias hojas...

Por un momento quise córtale, para llevarle
adentro de la casa, pero comprendí
que de esa forma mataría su naturaleza;
porque su naturaleza lo lleva no solo a sobrevivir,
sino a vivir intensamente, ese momento,
aunque el tiempo no sea perfecto.

Vivir su momento de ser flor, entregarse con amor,
pues para eso ha esperado tanto tiempo y a sorteado
a los depredadores, los cambios drásticos del clima,
la lluvia, fuertes nevadas y a la tentación de salir
antes de tiempo, cuando ha visto a la luna enamorada.

A veces me preguntan, que de donde nace mi fascinación, por los tulipanes y creo que los amo,
porque ellos me recuerdan a mi madre y su alegría
por la vida, aún en medio de su enfermedad
y también a ese Cristo en el que tengo puesta mi fe,
que permaneció de pie, hasta el último momento.
Oxwell L’bu copyrights 2019

***Frente a la nieve***

***Frente a la nieve***
Ellos se enfrentan a la nieve,
pese a que en la primavera
se dice que solo llueve,
lo hacen con elegancia
y estoicismo.

Los árboles, algunos
desnudos otros recién vestidos,
los animan  moviendo sus ramas,
porque la primavera no puede morir,
ni sucumbir frente al invierno.

La nieve cae y cae
y ellos siguen allí,
en los jardines, en los parques
en las planicies, perseverando
y esperando el sol.

La luna ruega al sol,
que aparezca y se imponga,
porque los tulipanes,
no pueden perecer.

Porque quien se querrá
perder, de semejante belleza,
quien puede ignorar su realeza,
porque ellos son los príncipes
de la primavera.
Oxwell L’bu copyrights 2019
#Chicago

jueves, 25 de abril de 2019

***Cuando el tintero besa a la pluma***

***Cuando El Tintero Besa
       A La Pluma***
Me preguntas: si cuando escribí
estas coplas estaba borracho,
te diré que no…
Que quizás la ebria era la pluma,
que se elevo como espuma,
cuando el tintero la beso.

Me preguntas: Si estaba “hight”
cuando escribir esta canción,
te diré que no, porque  esa
es la música de mi corazón,
que se pone con la luna,
en conjunción.

Quizás solo soy un preguntón,
que no debe de preguntar,
pues mis versos adversos
no te dicen nada y solo
posean cierta dosis,
de intuición,

En este sube y baja inclinado,
de este aprendiz de escritor desaforado,
que escribe versos que le rascan
la panza a la poesía…
Y le sacan la lengua sin hacer rencia,
a los escritores de pacotia.

Porque más de alguien se enamora
de los versos…
Pero difícilmente del autor,
que se queda en el anonimato,
en ese romance entre mi pluma azul
y  ese tintero ingrato.
Oxwell L’bu Copyright ©2012

sábado, 20 de abril de 2019

***Pedro, ve a mi madre***

***Pedro, ve a mi madre***
Pedro lloraba desconsolado
ante su cobardía...
En quien encontraría consuelo
ante su traicion,
sangraba su corazón.

Los demás apóstoles,
estaban temerosos,
como encerrados en
los calabozos,
de sus culpas.

Pedro lloraba y no escuchaba
ese murmullo que replicaba
en su corazón...
Pedro, Pedro ve a mi Madre
pero cómo ir a la Madre,
pensaba, si he negado,
si he traicionado a su hijo.

Ve a mi madre, ve a Maria
y Pedro se levantó y hacía
ella corrió...
La encontró triste, si
pero no desconsolada.

Porque ella guardaba
todo en su corazón
y no olvidaba su promesa;
Pedro a ella se acercó
y al verla, su rostro inclinó
y como un niño lloró.

Ella lo abrazo y entre sollozos
lo consoló, al verlos
los demás apóstoles hacia
ella fueron y comprendieron,
que cuando Jesús agonizando
en la cruz, encomendó a su madre,
la depositó en todo aquel,
que a creído en Él.
Oxwell L’bu copyrights 2019